martes, 28 de abril de 2009

El Camello de la Caravana

Parte I: El Camello y el Beduino

-¡Esto es inconcebible! ¡De una inoperancia absoluta!- dice y suelta un golpe firme con el puño sobre la mesa. Una taza de café tiembla y desde el centro se propagan onda con forma de anillo que se mueren al golpear la pared de la taza. La mañana relincha sobre las medallas del coronel y contrastan con su traje gris. La luz se cuela por el recodo de la venta, el único lugar que la cortina no puede tapar. Así como la realidad no puede tapar a la verdad.
- ¿Me esta escuchando Briones o le parezco un payaso?- dice con furia –es usted igual que los pajarones del Estadio Chile, todos impresionados con el pajarito del Víctor Jara ¡Por eso se vuelven pajarones por seguir pajaritos! Miré que dejar libre a ese come guagua comunista del Mímica, el Goyo ¡Si hasta nombre de delincuente tiene!- Yo estoy tratando de seguirle los labios al coronel, me cuadro ante él pero me mira con desprecio y escarba sus dientes mientras desvía la mirada por el recodo de la ventana. Estamos en una de las salas del sector sur del segundo piso del edificio de la EAO (Escuela de Artes y Oficios) que ha sido acondicionada como una escueta oficina. Están todas las ventas tapadas con gruesas cortinas y solo unos delgados rayos de luz se cuelan por la sala como si fueran parte de un caleidoscopio de luz. Solo estamos el coronel y yo, me ha mandado a llamar con urgencia por el asunto del Mímica, no se por qué. Se supone que debería estar encarcelado pero esta libre y el único que estaba en ese lugar en ese momento era yo. ¡Maldición! por qué tienen que andar encarcelando y matando a todo el mundo ¿No pueden simplemente echarlos fuera? mejor pienso en otra cosa. La sala es grande y con el techo alto, hay un estante con armas y un escritorio con una taza de café y un teléfono. El coronel me vuelve a mirar. Tiene la mirada tosca y oscura.
-¡Usted estaba en el Estadio Chile! ¡Cuénteme que ocurrió!-
-Fue una equivocación mi coronel, estábamos llamando a los detenidos por el toque de queda y llevándolo a sus casas y entonces llego el Mímica…- un rudo golpe volvió a sacudir la mesa y el café.
-¡No me diga más!- la expresión de su rostro me empieza a causar miedo, el coronel es un tipo rudo y llevado en sus ideas. -¿Acaso no chequearon los papeles?- me pregunta
-Si mi coronel, lo hicimos pero solo decía que era estudiante de la Universidad Técnica y alumno de la EAO- un nuevo golpe de puño interrumpe mi discurso.
-¡Pero que eso no le parece suficiente! ¡Este lugar esta lleno de comunistas! ¿No le dije ya que estamos llenos de pajarones? Usted adolece de falta de valor Briones, pero ya verá. Le voy a dar una lección que nunca…- el teléfono interrumpe con su ring-ring como si fuera una intervención divina. El coronel me mira fijo a los ojos.
-¡Conteste! ¡Que espera!- me dice y de un sobresalto agarro el teléfono y contesto.
-Aló- contesto -Buenos días-
-Buenos días- dice la voz en el aparato- ¿Está el coronel?-
-Es para usted…- le digo a mi superior acercándole el teléfono. El coronel me lo arrebata de las manos con un gesto rápido y seco.
-¡Es para usted! ¡Es para usted!- me dice con tono burlesco como si fuera mi hermano mayor riéndose de mi juguete nuevo roto. –Obvio que es para mí ¿para quien más podría ser?- dice y sonríe sarcásticamente. -¡Aló!-
“¿Como?”…”¿Donde?”…”Pero que imbécil, tráigamelo inmediatamente para acá”…”no me interesa lo quiero acá, ¿Entendió?” y cuelga el teléfono con fuerza.
-Te salvaste Briones- dice mientras cuelga el altavoz- Lo pillaron al Goyo, estaba en la casa de la polola. Me lo traen de inmediato para acá-. El coronel sonríe pero esta vez con satisfacción. -¡Pololeando estaba el perla!- dice usando el mismo tono de voz burlesco -¡Debería haber arrancado por su vida! Ahora me pertenece. Ya va a ver Briones como se trata con la escoria, ponga mucha atención… ¡y agarre bien ese fusil!- Agarro firme el fusil, me queda mirando profundamente con una sonrisa que le cubre la mitad de su boca.
El coronel me da cada vez mas miedo, parece fuera de sus cabales.
Debo mantenerme firme y no flaquear.
Sobretodo cuando llegue el prisionero.

Parte II: Un Infierno por Destino


La bala clavada en la pared aún está humeante igual que el orificio en el pecho del Goyo. El coronel guarda su arma como una joya, con delicadeza y esmero. Yo sigo congelado como un soldado de plomo. Congelado como el fusil en mis manos, como agujas de hielo que se clavan en mi piel. Que me queman al punto de querer arrojar mi arma al suelo. Pero sé que no puedo. No debo mostrarme débil nuevamente ante el coronel sino puedo terminar como el desgraciado agujereado delante mío.
-¿Aún tienen miedo Briones? ¿Vio que era fácil?-
-sssi…si, mi general-
-¡General! ¿Me subió el rango, sargento?-
Ahí me quedo mirándolo sin poder decir nada.
-¡Cobardes!- dice y se manda un trago largo de café –No se merecen este país ¿escuchó Briones?... ¡¿Me está escuchando soldado?!- dice con rabia.
Levanto mi mirada desde la mancha roja a los ojos del Coronel, respondo “si, mi Coronel” y con fuerzas golpeo mis tacos. Evito llevarme la mano a la sien por temor a que se me caiga el fusil. Tengo miedo y siento una tremenda vibración en mi estomago que me invita a gritar desesperadamente.
-Muy bien, ahora deshágase del bulto- me dice el coronel.
-¡Pe-pero como!- suelto de mis labios sin atinar a nada. El coronel me mira directo a la cara, tiene odio en sus ojos. El invierno vuelve a mí y las agujas.
-¿Tiene algún problema Briones? ¡Mire no me venga con huevadas! Si quiere lo tira al Mapocho, si quiere lo mete a un horno, si quiere se lo da de comer a los perros, pero no quiero volver a ver esa cara por acá ¿me entendió?-
-Sí mi coronel- responde de manera elástica un ser autómata desde mi interior.
El coronel se monta su gorra, abre la puerta y camina al umbral. Se siente un disparo a lo lejos y el coronel se lleva las manos atrás a la altura del plexo solar. Se agarra la muñeca derecha con la mano izquierda y hace esto mientras se balancea entre talón y punta de sus pies con un movimiento suave, armónico. Sonríe.
-Hágame caso Briones- dice mirando el infinito –si todo resulta bien tengo grandes tareas para usted…importantes, pero si no lo hace- el coronel gira su cabeza y mira de reojo mi cara -ya sabes usted- dice y se va caminando. Deja la puerta abierta y la luz de la mañana logra colarse por fin a la habitación. Ilumina todo un sector pero no donde esta el cuerpo inerte del Goyo.
¿Qué puedo hacer? estoy ahí parado frente al muerto peo no se que hacer. Pienso que lo mejor primero es ocultarlo. Voy donde esta la cortina tirada en el suelo, envuelvo su cuerpo con ella y lo arrastro hasta la puerta. A la salida de la sala hay un pasillo lateral desde el cual se accede a todas las salas del segundo piso. La escalera mas cerca está a unos siete metros desde ahí. Sigo arrastrando el cuerpo pero me arrepiento al ver que está dejando una estela de sangre tras suyo y mío también. Estoy en una complicación, el cuerpo aún sangra mucho ¡pero si ya está muerto por dios! Se que a nadie le importa pero no quiero que me vean culpable de tamaña crueldad, no quiero siquiera que la luz nos toque así que trato de moverme por la sombra. Tal vez logre alejarme de la mirada de dios. Decido cargar el cuerpo, el coronel me va a castigar cuando vea mi uniforme manchado de sangre pero es mejor eso a que me mate por dejar los pasillos regados de barbarie. Me cargo el cuerpo al hombro, está pesado y la mancha en su estomago comienza a delatarme profusamente. Empiezo a bajar la escalera, es angosta pero lo suficiente cómoda para bajar con el cuerpo. Tiene un descanso en la mitad y escalinatas que se cruzan. Me recuerda a Valparaíso, no se por qué. ¿Que hago con el cuerpo? no puedo seguir arrastrándolo porque mancharía todo el suelo. No puedo seguir cargándolo porque ensuciaría más mi uniforme. No puedo seguir cargándolo porque me ensuciaría más. Termino de baja la escalera y dejo el cuerpo en el suelo sobre el pasto del patio exterior. Las salas están ubicadas en un edificio colonial de forma rectangular y en el centro hay un patio común que comparten. En la esquina contraria a mi hay un pasillo que sale a un patio de luz y ahí se ve una carretilla. Cruzo el patio en busca de la carretilla y pongo el cuerpo del Goyo en ella. ¿Ahora que? debo deshacerme del cuerpo pero no se como, no puedo tirarlo al Mapocho como dijo el coronel es demasiado obvio, comienzo a moverme con el cuerpo en la carretilla, si me ven por las calles así no voy a pasar desapercibido, empiezo a odiar al socialismo ¡si no hubieran llegado nada de esto estaría pasando maldita sea! Dárselo a los perros ¿y como? Se demorarían días en terminarlo y los huesos enterrados por todo el patio atormentándome. No, debo deshacerme del cuerpo entero antes que su alma me encuentre. Meterlo a un horno, la carretilla golpea con una piedra y hace que el cuerpo cambie de posición y se acomode, meterlo a un horno que idea más estúpida, donde voy a encontrar un horno lo suficientemente grande para meter todo el cuerpo. Podría cortarlo en pedazo y meterlo en un horno de cocina pero no tengo valor para eso. No se que hacer.
Me detengo frente a un portón de madera y el destino pone delante de mí una placa de metal que dice “Fundición”. Dejo la carretilla afuera y me acerco a la puerta sigilosamente. Está entreabierta y adentro hay un galpón oscuro, caluroso. Al fondo hay un destello anaranjado y brillante que se cuela por una rendija de un armatoste que bien parece una cacerola gigante de bruja. “¡Un horno gigante!” me digo sobresaltado en el instante que siento una mano apoyarse sobre mi hombro derecho.
-¡Que esta haciendo acá soldado!- me pregunta un tipo curioso y atareado. Me doy vuelta y lo miro asustado, me mira le hombro manchado de sangre.
-¿Está herido?- me pregunta
-No, es solo un rasguño- responde nuevamente el autómata en mi interior
-¿Y esa carretilla? ¿Que trae usted ahí?- miro la carretilla y me doy cuenta que al golpear la piedra el cuerpo del Goyo quedó ubicado de manera que no se ve la mancha de sangre, vuelvo a mirar al tipo. Tiene uniforme pero encima trae un overol puesto. Usa guantes de cuero y suda profusamente. Anda sin gorra pero tiene una mascarilla de tela colgando del cuello.
-¿No traerá eso al incinerador? ¿Que es?-
-Ssson escombros…los manda el coronel- digo tratando de ocultar el remolino en mi interior
-Y que se ha crei… bueno no importa, ha llegado usted a tiempo porque es la ultima carga de la mañana- me dice y en ese instante suelto una expiración profunda. El tipo me mira con rareza.
–Aaah, pero no crea que lo voy a ir a tirar yo, ya suficiente he tenido limpiando todo este alboroto y ese agujero es un infierno así que yo le voy a abrir la... ¿Se siente bien usted?, está pálido…-
Me reincorporo, “si, me siento perfectamente” le digo con una sonrisa y es verdad, el destino me ha dado una oportunidad de liberarme del problema (aunque no se si el precio). Es una macabra oportunidad pero una oportunidad al fin y al cabo.
-¿Sabe? No se ve muy bien, mejor lo hago yo y usted vaya a la enfermería- me dice
-Nooo, estoy perfectamente- digo y tomo la carretilla por el mango –no podría estar mejor- digo para reafirmar mi posición pero inmediatamente me siento estúpido, me estoy delatando solo. El tipo me mira con desconfianza pero se nota que no le importa.
-lleve la carretilla al horno, yo me quedare acá para levantar la tapa y cuando le diga, arroje la basura adentro. Tenga cuidado de no tirar la carretilla y por el amor de dios tenga cuidado de no caerse usted…no me gustaría que algún cuerpo cayera dentro de eso-
Sonrío sarcásticamente y me apresuro a llevar la carretilla a su posición.
-¿Esta listo?- me pregunta el tipo.
-¡Por supuesto!- digo mientras veo como lentamente se descubre la tapa del horno.
-Después de esto me deberá usted una Pilsen- me dice con gracia.
-Después de esto le deberé una vida- le respondo en voz alta. Giro lentamente la carretilla y el cuerpo cae al horno. “Una vida pero no la mía” me digo en voz baja mientras veo como el cuerpo del Goyo se consume en ell infierno.

La hora de la función: Parte II - "El gato negro"

Las luces perdían fuerza al ritmo del telón que se recogía. Mí traje blanco se volvía gris bajo la penumbra. Un tímido aplauso general daba la bienvenida a los músicos que ya estaban con su impecable frac sobre el escenario. Los bronces relucían con la tenue luz y un piano de cola se transformaba en la vedette del ambiente. Todo esto pasaba sobre el escenario como un ceremonial sordo ante mis ojos porque, aunque puedo detallar con lujo la escena, yo no me encontraba completamente allí. Mi mente vagaba y se confundía en espirales torcidas de recuerdos que me generaban no una sensación en particular, sino una papilla de sensaciones. Las imágenes se atoraban en mi memoria y las frases taponaban mis oídos. "Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección" me recordaba el Martín de Sabato aún paranoico por la misteriosa Alejandra. De repente un tipo pequeño y de rasgos orientales irrumpió en el escenario. Su actitud displicente y limpia contrastaba con un aire pusilánime que lo rodeaba. “¡El pianista!” me dije sobresaltado en el instante que un aplauso soberbio comenzó a crecer por todo el teatro. Un aplauso envolvente y avasallador que me producía una profunda molestia en la cabeza. No se que sería, si la poca coordinación entre las personas que aplaudían (siempre he sido un maniático musical) o el eco golpeteando en las paredes del teatro. Con dificultad, y creo que sudando, puse mi atención sobre el pianista. Era un tipo serio y limpio, parecía no inmutarse por los aplausos y de un momento a otro comenzó a abanicarse sobre sus reverencias. Es gesto fue el fin para mi puesto que con cada contorsión del oriental, sentía mi estomago contraerse y un calor profundo aglutinarse en mi garganta. Sentí un incontrolable deseo de vomitar y con decisión me incorpore como si un resorte estuviera ajustado entre mi cadera y mi espalda. “¡Permiso!” repetía una y otra vez a las personas en mi camino a medida que trataba de salir del lugar. “¡Permiso!” y las personas me miraban con asombro y me dejaban pasar como intuyendo lo que me ocurría. Una de ellas, no recuerdo con certeza sus rasgos pero si sus canas, me ataco.
-¿A dónde crees que vas? – me dijo. Yo solo lo mire con ojos desorbitados y no conteste.
-La función esta por comenzar, no querrás perdértela- replico ante mi inerte mirada.
-La función ya termino para mi- le dije con dificultad -y si no se mueve pronto, también se acabará para usted-. Entonces La persona me miro atolondrado y sin dudar me dejo pasar.
No se como llegue hasta afuera. Solo sé que estaba sentado en las escalinatas a la entrada del teatro. Los colores eran difusos y las imágenes alargadas. El extraño brillo en mis zapatos y una mancha a mi lado me hacían recordar que efectivamente había vomitado copiosamente. Trate de ordenar mis ideas. Lentamente sentí que mis sentidos se orientaban y que la realidad volvía a mí. Durante un corto rato hice ejercicios de respiración hasta que me sentí capaz de levantarme. Volví a mirar el teatro. ¿Por qué había llegado ahí? ¿Por qué había entrado si sabía que la posibilidad de encontrármela era alta? ¿Por qué lo había echo aun sabiendo lo cruel que el destino podía ser conmigo? Estas preguntas retumbaron en mi cabeza así que decidí sacar mi MP3 y calzarme los audífonos. “la música me calmara” me dije sin mucha confianza. Presione el botón de play y la melodiosa voz de Maynard explotaba bajo los sincopados acordes de Tool.

Cold silence has/ a tendency to/ atrophy any/ sense of compassion

“¡Maldito destino, sigues jugándome malas pasadas!” me dije al instante en que me sacaba los audífonos. Me había prometido a mi mismo no volverla a ver, pero aun así ahí estaba yo, en el preciso lugar donde nos conocimos… ¡que ingenuo! En ese mismo instante un gato negro maulló desde el callejón contiguo al teatro. Me acerque a él y comencé a acariciarlo. El gato se dejaba querer y a ratos enredaba su cola entre mis piernas. “Eres un animal muy bello. Lastima que traigas mala suerte, serías un buen compañero”, le dije como si pudiera escucharme. Al instante vi por el rabillo de mi ojo vestido delgado deslizarse por las escaleras del teatro, se detuvo en la entrada y comenzó a mirar hacia todos lados como buscando desesperadamente algo. Ese algo era yo. No sabia que hacer, ahí estaba la culpable de todos mis amores y temores nuevamente…buscándome. No se por qué pero agarre al gato negro y me eche a correr con todas mis fuerzas en dirección contraria al teatro. El gato maullaba como loco pero se mantenía en mis brazos. Me detuve a un par de cuadras y con el gato aún en mis brazos. El felino me miraba con ternura y yo sudaba copiosamente, entonces ocurrió lo increíble. El gato me miró y me sonrió, juro que fue verdad. Aun atónito por la escena lo miré a los ojos, –No te preocupes, te juro que nunca mas la volveré a ver- El gato cerró los ojos y se hizo un ovillo en mis brazos –Es hora de que tú y yo demos un largo viaje lejos de acá- le dije sobresaltado aun por la carrera y tratando de recuperar mi respiración.

La hora de la función: Parte I - "Desencuentros"

Camila caminó nerviosa, subiendo los peldaños con cuidado de no resbalar. Como un pequeño conejo que se acerca a la comida con el miedo de que la mano que lo alimenta le tienda una trampa. Abrió con cuidado la puerta de la sala de conciertos y miró alrededor. Poca gente estaba ubicada en sus asientos a pesar de que la hora de la función estaba cercana. Una pareja abrazada en el fondo sonreía mientras se contaban secretos al oído, ese tipo de secretos innecesarios que solo existen entre dos personas abrazadas. Un hombre mayor sentado cerca de las primeras filas y vestido de impecable traje, miraba concentrado el programa del concierto y unos niños corrían despreocupados mientras una mujer (seguramente su madre y esposa del hombre de traje) ataviada con serios colores y plateadas joyas, los obligaba con un grito apagado a sentarse y prestar atención. Siguió escrutando el lugar buscando un lugar cómodo donde sentarse pero de un instante su mirada quedo detenida en el medio de la sala. Un personaje vestido de blanco estaba sentado solitario en medio de la sala, en un lugar desde donde formaba un triangulo equilátero con el escenario. El brazo derecho estaba apoyado en el asiento contiguo y su brazo izquierdo soportado entre sus piernas cruzadas. Su mirada, aunque parecía enfocada en el escenario, se perdía en el infinito. Como si, abstraído por sus pensamientos, se adentrara en algún lugar muy lejano dentro de su mente. Al ver al hombre, la cara de Camila se iluminó repentinamente y una picara sonrisa se mostró por sus labios apretando sus mejillas y poniéndolas espontáneamente rojas. Se deslizó entremedio de las butacas y se plantó al lado del hombre con decisión, pero el hombre ni siquiera pestañeó...seguía absorto en sus pensamientos. Levemente la sonrisa en la cara de Camila fue desapareciendo y el color rojo fue cambiando lentamente hacia un amarillo pardo.
-¡Hola! – dijo casi arrepentida
-Hola – respondió seriamente el hombre sin cambiar su actitud
Camila permaneció parada y su corazón se apretó contra su pecho simulando una desilusión.
-Nunca imagine pillarte acá, que coincidencia...-
-No creo en las coincidencias y tu lo sabes-
La cara de Camila perdía vigor lentamente y su mirada caía a medida que sus pensamientos se arremolinaba en profundos abismos llenos de recuerdos y culpas antiguas.
-¿Crees que algun dia me perdonaras?- le preguntó al hombre
-¿Te sientes arrepentida?- respondió el hombre con frialdad
-Si mucho, no hago mas que pensar en ti-
-Entonces demuéstramelo- dijo el hombre y giró la cabeza apuntando sus profundos ojos directamente a las pupilas de Camila. Ella buscó en su corazón la respuesta. Sus hombros se curvaron y su mirada cayó súbitamente al suelo.
-Pero, no sé como...-
-Si no sabes entonces deberías irte- sentenció el hombre mientras volvía su mirada hacia su universo interior.
Camila sintió como todas las luces del lugar la enfocaban y luego, como cuando un concierto empieza, sintió débilmente la intensidad decaer y a las sombras absorber la sala. Se apresuró a moverse al lado contrario de la sala, buscó un butaca alejada y se sentó. Una lagrima acaricio su mejilla y besó sus labios al ritmo del telón que se descubría mostrando los instrumentos sobre el escenario.

“La obra esta por comenzar”, pensó mientras se reclinaba en su asiento.

Ausencia

Se acercó al mastodonte de cemento cautelosamente. Elevó la mirada tratando de alcanzar el último piso, pero el reflejo del sol en los grandes ventanales se lo impedía. La estructura geométrica le producía vértigo. Las ventanas se encaramaban una sobre otra como un lego gigante, solo descontinuado por las antenas que se escapaban del techo como queriendo tocar el cielo en lo mas alto. Imaginó que un niño gigante venía y desarmaba la estructura pieza por pieza. Se imaginó ser el padre gigante de ese niño gigante, mirándolo jugar con su edificio de juguete. Esa imagen lo tranquilizó al mismo tiempo que lo enterneció. Entonces, sin saber por qué, abrazó con fuerza al edificio. “Te extraño mucho” murmuró, seguro de que nadie lo veía.

Domingo 9:00 AM

Me recosté sobre el suave pasto del parque, respiré profundo y dediqué un tiempo a observar como los pájaros saltaban temerosos al verme plácidamente recostado. Poca gente pasaba por el lugar y la mayoría me miraba con desprecio. Al fin y al cabo ¿Qué pretendía hacer yo con mi mejor tenida, recostado sobre el sucio suelo? Nada, no pretendía hacer nada y pensando en eso sentí cada una de las hojas del césped hacer contacto con mi espalda. Fue como un masaje carmico que me recorrió entero. Observé las copas de los arboles alejarse y la luz sepia de la mañana colarse entre el follaje. Me incorporé sobre mis codos y miré el color de las flores. Brillaban como estrellas contentas y bailaban con los insectos que revoloteaban por ahí. Volví a recostarme sobre el ya tibio pasto y cerré los ojos. Una sonrisa se deslizo sobre mi cara.
Aun estaba muy drogado como para volver a casa.

Rencuentros

Entonces con una sonrisa se levanto y volvió a su vida.
Yo me quede en el café...sentado sobre mis recuerdos.

Memoria y pasado

Todos hemos deseado olvidar alguna vez en la vida.
Inevitablemente el humano trata de enmendar sus errores usando el olvido como método de protección. Así es como fantasías del tipo "el resplandor de una mente..." cabalgan en las finas ancas del ansia. Pero, ¿porque olvidar? ¿cual es la necesidad de arrancar violentamente todo lo que no resulto como queríamos?. Mirando con detención existen tres vicios principales que generan los deseos de olvidar:

1) El dolor: Esa viscosa e invisible sustancia que se propaga desde el corazón, comprimiéndolo y endureciéndolo a medida que el vacío se impregna como si fuera la estela que deja el mismo dolor. Personalmente algunos de mis recuerdos aún me causan dolor. La muerte de mi perro(si mono, puedes reír), un par de cuasi-fracasos y alguna que otra frutilla por ahí.
2) El miedo: Del tipo cercano al terror. Como verse enfrentado a una maquina que entierra miles de agujas en tu cuerpo, penetrando la dermis solo hasta causar el mínimo dolor y esperando una señal para clavarse completamente en tu cuerpo desgarrando carne y cortando nervios. Generalmente relacionado con episodios infantiles del tipo robar a mamá o jugarretas adolescentes como quedar varado en medio del acantilado de punta piojo debido a la acidez del ambiente.
3) Los Celos: Debo admitir que no soy muy versado en este sentimiento pero creo que es como una "angustia suspicaz". Se aceptan colaboraciones para la definición y ejemplos.

Estos sentimientos comúnmente generan el olvido. o mejor dicho la intención del olvido porque el olvido solo funciona instantáneamente. Si usted no lo olvido ya nunca lo hará. Recuérdelo.
¿Cual es la solución entonces?. Simple, usar la imaginación. Adornar los recuerdos con detalles intimos y bellos. Con color, luz y playa. Con sonrisas, abrazos y besos. Con paz, amor y esperanza. Cabe la posibilidad, debido a una buena capacidad de abstracción y una desenfrenada imaginación, que los adornos pasen desde el limbo del pasado a la realidad generando una distancia con la aburrida masa de humanos mecaniformes habitantes del cotidiano. En ese momento no deje cundir el pánico. Simplemente déjese absorber por la nueva realidad adornada...
Sit back, relax & enjoy..
Pronto destacados y respetables personajes del sanatorio vendrán a ofrecerle una beca de por vida a la felicidad. No desespere, no esta solo. Yo calculo que para el 2020 estaré por allá, siempre me han gustado los números redondos.
Ojala me permitan llevar mis ex-olvidados recuerdos.
Los adornados obvio, el resto ya lo olvide ¬¬